Comienzo de una aventura con arte
Con la anterior breve introducción pretendo la ubicación de la figura de Pedro A. Fernández, pero hasta el día que visito la Ermita de San Lorenzo y constato el texto de esas líneas diminutas, pasa un largo año y muchas otras historias, que voy a ir desmembrando poco a poco.
En mi intención de conocer a fondo la villa de Alcalá del Júcar, busco a una guía turística y encuentro la mejor, Mª José, que me pregunta de dónde vengo. Al decir que eres de El Picazo, siempre hay alguien que lo recuerda por tierras de Cuenca y Albacete y exclama: "¡Buenos pepinos! ¡Buenos pimientos por El Picazo! e incluso ¡Vaya bodas que se celebraban ahí, en el Restaurante Dilamor! Pero que me respondan: "¡Anda, de dónde es el pintor!" no me había sucedido nunca. Me intereso: "¿Qué pintor?"
Mª José me responde que el pintor que recientemente se ha descubierto es el autor de varias iglesias y ermitas de esta zona, es el que ha pintado el camarín de la Virgen del Rosario en la Iglesia parroquial de Alborea, también llamada la Catedral de la Manchuela. Crece mi interés por conocer esa iglesia, pero entonces, me centro en Alcalá del Júcar, con sus callejuelas empinadas, hasta llegar a tocar casi la cima de la cúpula verde de San Andrés. Sumergirme en las entrañas de la roca que se atraviesa por un largo pasadizo para contemplar desde lo alto la panorámica del otro lado del meandro del río Júcar, que viene de Jorquera, pero antes ha pasado por la ermita de San Lorenzo, ¡es todo un gozo!




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