¿Quién es Pedro Fernández?
Algunos especialistas en arte, escritores de revistas y libros, analizando el arte en el sureste peninsular del siglo XVII al XIX, habían nombrado a Pedro Fernández como un posible pintor, del que solo se sabía que era vecino de El Picazo, de iglesias y ermitas por el sur de la provincia de Cuenca y el norte de la de Albacete. Templos construidos en entre los siglos XVII y XVIII, que conservan sus frescos en los muros, columnas, bóvedas, altares y en las cúpulas, los cuales hasta ahora habían sido anónimos. A los maestros constructores de estas iglesias sí se les solía poner nombre, pero no tanto a los maestros doradores y decoradores con sus pinceles del interior. Algunas veces, ellos mismos, o alguien de sus talleres, se atrevían a incluir un texto donde, de forma muy discreta, aparecía su nombre.
Éste es el caso de la ermita de San Lorenzo, a unos tres kilómetros de la villa de Alcalá del Júcar, provincia de Albacete. Sobre el altar mayor, que ha sido modificado, ahora está en piedra, por el anterior barroco, se queda al descubierto en la parte alta, una inscripción enmarcada en una orla de nubes, que no es perceptible para el espectador, desde el suelo del prebisterio, en trazos muy finos y a punto de ser dañados por la humedad en el muro, nos declara así:

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